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Es el síndrome de la madre soltera

Cuando los niños crecen, los grandes no nos damos cuenta; es triste la realidad que nos absorbe cuando frente a situaciones que nos sacan de la rutina, nos hace detenernos y volver a mirar, y en esa segunda mirada te das cuenta que te perdiste la forma en la que creció.

Recuerdo intentar ser buena madre con mi hijo, recuerdo encontrar formas diferentes de crianza para hacerlo mejor que en mi generación, recuerdo estudiar, investigar y poner en práctica diferentes estrategias; pero no logro recordar como vivimos cada año, como superamos situaciones o nos disfrutamos.

Soy como una más en busca de cumplir las expectativas sociales, en busca de darle lo mejor a mi hijo y llenarlo de recursos para cuando sea grande. 

Me dediqué, parece, a criar a mi hijo en el futuro.

Siento tristeza y a la vez espanto; las carreras para cubrir obligaciones, la vida propia que no es tan propia, las renuncias, los desvelos, las angustias, carecen de valor o importancia, cuando se piensa…..en qué me equivoque? [read more= «Más» less= «(-)»]

Es el síndrome de la madre soltera:

– Cargar con la culpa de no fijarse en quién resultó siendo la elección que hiciste para que fuera el padre de tu hijo.

– Pensar que lo que nunca imaginaste, llegaría a pasar.

– Estar en medio de buscar tu libertad y temer perder tus hijos.

– Hacer de papá y mamá al mismo tiempo.

– Que las horas no te alcancen y no sentirte tan afortunada como otras.

– Pensar en que algún momento, llegará tu momento, pero que no es ahora.

– Querer muchas cosas y no hacer parte de la lista de cosas importantes.

– Sobrevivir cada día, sólo eso.

– Sentir que otros lo logran y tú no.

Los chicos crecen y solo nos damos cuenta, cuando tenemos que detenernos. Detenernos a mirarlos, a observarlos o castigarles; porque queremos subir a los niños a la estatura de un adulto. Cómo no se van a aburrir?, si los entrenamos de niños a que lleven una vida de adulto. Nadie nos dice como se administra el amor.

– ¿Cuál es la dosis diaria que debes suministrar?

– ¿Cuál es la mejor forma de hacerlo?

– ¿Cómo compensas los ausentismos?

– ¿Cómo reemplazas un lugar?

No nos equivocamos con la intención de errar, pero lo hacemos. Lo pagamos caro – con culpa, con remordimiento, con arrepentimiento.

No importa cuánto hagas, ni la forma en que lo hagas, si puedes lograr inspirar a tu hijo.

Inspira a tu hijo, para que quiera ser Grande, si no, estarás luchando con un Grande queriendo ser chico.

Gracias por leer…..

Lina Marulanda

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